Aspirantismo, de Gabriel Zaid

lameculos2A más de dos años de escrito, este artículo regresa de entre los papeles muertos, para mostrarnos la brutalidad de su vigencia, y cito los primeros párrafos como recordatorio de la hermosa cloaca en que vivimos, porque esta hermosa costumbre viene de mucho antes.

Gabriel Zaid
Reforma, 27 de marzo de 2011

En el Diccionario de los políticos: verdadero sentido de las voces y frases más usuales entre los mismos, para divertimiento de los que ya lo han sido y enseñanza de los que aún quieren serlo (Madrid, 1855), Juan Rico y Amat registra aspiraciones: “Proyectos mal encubiertos de algunos políticos, dirigidos a alcanzar una elevada posición. […] Pocos, muy pocos, son los actores políticos que […] no aspiran a llegar pronto a primeros galanes”…

No incluye la palabra aspirantismo, que José María Luis Mora usó en su famoso “Discurso sobre los perniciosos efectos de la empleomanía” (México, 1827): “La propensión insaciable del hombre a mandarlo todo y a vivir a costa ajena con el menor trabajo posible […] de los puestos públicos y la creación de nuevos empleos a que aspirar […] ha hecho de la administración un campo abierto al favor, a las intrigas y a los más viles manejos […] por el aspirantismo”…

Nos excplica Zaid que “La palabra aspirantismo nunca ha estado en los diccionarios de la Real Academia. Aparentemente, no se usó en España, sino en México y otros países hispanoamericanos. Pero del uso político de la palabra aspirar (tomado del italiano) hay un ilustre antecedente. Fue recomendado por Juan de Valdés (Diálogo de la lengua, 1535), que vivió en Italia y puso como ejemplo de aplicación: “Cada cardenal aspira al papado””.

Pero hoy, las cosas han cambiado, escribe en su artículo: “La cola de los que esperaban dócilmente su turno ya no existe. Ahora se amontonan, gritan, dan codazos para avanzar y meten zancadillas sin un Supremo Árbitro que organice el reparto del queso. Hay una competencia feroz por salir en televisión y trepar hasta el máximo nivel de incompetencia; una obsesión por los altos empleos, desconectada de la realidad: el trabajo serio que hace falta en México”.

Y apenas llevamos un año del bienpeinado PRI, pobre México

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