Dos elefantes blancos se columpiaban en la nueva sede del Senado y la Estela de Luz

Es de una indolencia churrigueresca que los mexicanos, en especial los capitalinos, tengamos el apacible don de ver los más ingentes cinismos de la llamada “clase política”. Pero qué clase de gente se dice servidor público y se lleva o ve llevarse los recursos para construir monumentos al más abyecto despilfarro. Pues claro, nuestros legisladores, que salvo gloriosos momentos históricos, tradicionalmente son vistos –y no sólo en México– como glotones presupuestales, sino simple y llanamente bandidos. Y cada sexenio hay elefantes blancos, tan socorridos para deslumbrar a la concurrencia y gastar hartos pesos, si no es que millones de dólares, en dos enormes paquidermos que encuerados exhiben su ominosa rotundez en las calles de la capital: el nuevo edificio del Senado y la infame Estela de Luz, monumento por el Bicentenario de la independencia que se inaugurará, si así sucede, dos años después de la fecha, y un ostentoso edificio del Senado que también se estrena bastante tiempo después de lo programado, con casi 7 millones de dólares gastados y resulta que es un flamante cascarón inservible, peligroso y sobre todo que las aguas negras de la corrupción la salen por todos lados, y cada día la prensa informa de una nueva anécdota para el libro negro de las infamias: mientras que el nivel de vida de los mexicanos cae dramáticamente y la pobreza aumenta, según las propias cifras del gobierno, estos señores dilapidan pero no sólo en instalaciones carísimas, sino también de quinta calidad y una falta de planeación que raya en la tontería.

Ahora resulta que se va a desembolsar 6.6 millones de pesos anuales en la renta de 400 cajones de estacionamiento en el Monumento a la Madre y en la calle de Madrid, porque en la construcción de la nueva sede en Paseo de la Reforma, se instalaron 421 elevadores de cajones de estacionamiento, pero los arquitectos calcularon mal la altura del piso al techo para que cupieran dos vehículos.

De acuerdo con los lineamientos técnicos de empresas dedicadas a este tipo de elevadores, se requieren al menos de 4 metros de altura para que quepan dos camionetas en los 400 cajones de elevadores mecánicos, ya que los senadores generalmente utilizan camionetas, pero en los sótanos 1, 2, 3 y 4, donde están los estacionamientos, no hay el espacio suficiente debido al tendido eléctrico y a las tuberías de aire y agua que fueron colocadas en los plafones. Se estima que el Senado gastó al rededor de 19, 20 millones de pesos en estas 421 rampas o elevadores que jamás podrán ser utilizadas.

La misma página oficial del Senado de la República en internet, indica pomposamente que la nueva sede cuenta con un estacionamiento subterráneo con capacidad para 1 mil 273 automóviles, y que la capacidad de los cajones se optimizó mediante el uso de “elevautos” en 421 de los espacios, incluso hasta se afirma, que en caso de ser necesario, la capacidad se puede ampliar colocando otros 232 elevadores más, para alcanzar un total de 1 mil 505 vehículos, sin embargo, todo es M-E-N-T-I-R-A. Actualmente sólo caben 873 automóviles, por lo que será necesario rentar 400 cajones más de estacionamiento, esto para que quepa todo el personal que labora en la Cámara ¿alta?

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