las visitaciones intervencionistas y el fantasma de Kiki Camarena

Los pastelazos y mohines diplomáticos la semana pasada en dos frentes mediático-políticos, se presta al choteo y chiste de sobremesa y la caricatura, y también reminiscencias, semejanzas o desemejanzas con hechos del pasado en que México se coloca en una cancha de fragorosa intensidad para la cual no parece haber altura de vocación y presentar un frente digno y a la vez inteligente. La altura de miras empero resulta por lo bisoña y pueril por decir lo menos, y empieza a irritar que el jefe del Ejecutivo manifieste explícita y simbólicamente su afición al verde olivo, esta vez el volante de un vehículo artillado en Tamaulipas.

Fuera gracioso como todo anecdotario presidencial porque, no hay presidente desde don Porfirio y antes, que no sea protagonista predilecto de los chistes más variados y nuestro pequeño Champolión no podría ser la excepción, pero es tan grave lo que se está cocinando en las mentes aviesas y malosas de siempre, los desplantes de imperios apanicados  por el embate de su decadencia que en su afán de bullying global neocolonial, desfogan sus púgiles ansiedades con el mexicano chaparrito a quien ahora se le ve además de flojo, gordo y flatulento de tanta grasosa memela.

Pero hasta dónde llega la sorna hiperrealista, que un segundo al mando del Pentágono no tiene empacho en regurgitar en un micrófono mediático su freudiana proyección invasora que de la mano con doña Napolitano, nada menos que la secretaria de seguridad Interna, ya ve a los moros de Bin Laden con machetes de los Zetas en un mensaje con un timing político que más redundante en su mensaje, imposible, porque muy oportunamente matan a un agente aduanal de apellido Zapata (así, o más surrealista), que coincide con el otro episodio bochornoso, el de la secuestradora francesa Florence Cassez, con un jocoso y pastelero soplamocos del monsieur gigoló le president, Sarkozy, que en busca de campaña para colgarse y al menos ya consiguió el efecto dominó, aunque todo este asunto huele a perfume tunecino.

El asunto es que se ha vuelto frecuente en las columnas periodísticas, programas de comentario político y “redes sociales” sacar el petate del muerto de una intervención extranjera, la de los gringos siendo la más ominosa, porque se refiere a una material, punitiva, para “poner orden” al sur de sus fronteras, ante el poderío del narcotráfico y la incapacidad y corrupción del gobierno mexicano, que pateó el avispero sin otro plan más allá del músculo militar, sin la ingeniería de una inteligencia propia, ni el ataque al punto neurálgico del poder del crimen, sus finanzas y las redes que las amparan.

Ya hay senadores que ponen el grito en el cielo y advierten como Rosario Green del PRI, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, pone en alerta la tentación de cirugía invasiva de los gringos, que así cariñosamente les nombra, la cándida inopia del gobierno, que así le llamamos aquí, están estirando las manitas para que el sherif tío Sam ponga a medio México las esposas.

Para cerrar el círculo, La Jornada publica de WikiLeaks lo que era secreto a voces, de un apoyo de Washington a Calderón ante la turbulencia y falta de legitimidad con que llegaba a la Presidencia de México en 2006. Otros cables de 2009, hablan de un cercano militar a su círculo más cercano de seguridad, que habría filtrado a los narcotraficantes el expediente médico y otros datos confidenciales del preciso, esto de comunicados “secretos” del entonces embajador Tony Garza.

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